Artículo

Sentirse burgalés en Burgos

La mejor manera de sentirse burgalés en Burgos es recorrer tranquilamente el Paseo del Espolón. Comenzando junto al Arco de Santa María —otro icono monumental de la ciudad y una de las doce puertas que daban acceso a la ciudad en la Edad Media— hay que saber demorarse entre las hileras de entrelazados plátanos de sombra que festonean su andén principal y mirar y dejarse ver, como se ha venido haciendo ininterrumpidamente en sus 200 años de historia. Entre bellas casas modernistas y pasando junto al clasicista edificio del Consulado del Mar, el Espolón permite asomarse a la Plaza Mayor y desviarse hasta la Casa del Cordón, el gótico palacio en el que los Reyes Católicos recibieron a Colón tras uno de sus viajes a América.

Pero Burgos también es un claro referente culinario del país y por todos es conocida la pasión por la gastronomía que se percibe en la urbe. Forma parte de la red de Ciudades Creativas en el ámbito gastronómico desde 2015, tras haber sido la primera Capital Española de la Gastronomía en 2013 y promotora de la Red de Europea “Gastronomic Cities”. A los burgaleses les encanta disfrutar de ese preámbulo vital, entre comida y cena, en el que se para a saborear la vida. La hora del aperitivo forma parte del pulso de la vida social de esta preciosa ciudad, de sus calles y plazas animadas y es, a la vez, un homenaje para el paladar. El lechazo asado, la morcilla y el queso fresco forman la tríada castiza por excelencia en su restauración, pero a su vez goza de un arte culinario creativo y divertido, con ganas de darle una vuelta a la tradición. De hecho, el proyecto denominado ‘Motores Humanos’, sitúa a la ciudad como el Laboratorio Mundial de la Evolución Gastronómica que tiene como objetivo dar solución a uno de los principales retos de la humanidad en este siglo, como es la mejora de la salud y de la especie a través de la alimentación.

319 views
cool good eh love2 cute confused notgood numb disgusting fail